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Nuestra misión

“Cristo en el centro, la Palabra como fundamento, el Espíritu como guía y el amor como nuestra forma de servir.”

Nuestra misión

Glorificar a Dios haciendo discípulos de Jesucristo, anunciando fielmente el evangelio, enseñando toda la Palabra de Dios y sirviendo con amor a las personas y a nuestra comunidad, en dependencia del Espíritu Santo y viviendo como una familia de fe.

Como iglesia, creemos que nuestra misión no nace de nuestros propios proyectos, sino del llamado de Cristo a hacer discípulos de todas las naciones (Mateo 28:19-20). Por eso, buscamos proclamar a Jesucristo como Señor y Salvador, formar creyentes arraigados en la Palabra de Dios y cultivar una comunidad donde la fe se viva de manera activa, humilde y comprometida.

Reconocemos la suficiencia y autoridad de las Escrituras como fundamento para nuestra doctrina, nuestra vida y nuestro servicio (2 Timoteo 3:16-17), y dependemos de la obra del Espíritu Santo para vivir en santidad, servir con nuestros dones y cumplir la misión que Dios nos ha encomendado (Hechos 1:8).

Nuestra misión se expresa en cuatro dimensiones:

  • Evangelizar. Anunciar el evangelio de Jesucristo y llamar a las personas al arrepentimiento y a la fe.
  • Enseñar. Formar discípulos mediante la enseñanza fiel de toda la Palabra de Dios.
  • Servir. Mostrar el amor de Cristo mediante una vida de servicio, compasión y generosidad hacia los demás.
  • Vivir en comunidad. Edificarnos mutuamente como cuerpo de Cristo, compartiendo la vida, cuidándonos unos a otros y creciendo juntos en la fe.

Nuestra visión

Ser una iglesia centrada en Cristo y fundamentada en la Palabra de Dios, que, en dependencia del Espíritu Santo, forme discípulos maduros, viva en una comunidad de amor y servicio, y lleve el evangelio a las personas y familias de nuestra generación.

Anhelamos ser una iglesia donde Cristo sea exaltado, la Palabra sea el fundamento, el Espíritu Santo sea reconocido en su obra y cada creyente sea llamado a participar activamente en la misión de Dios.

Soñamos con una comunidad donde las generaciones puedan crecer juntas, donde las familias sean fortalecidas, donde los dones sean puestos al servicio de los demás y donde cada persona encuentre un lugar para conocer a Cristo, crecer en Él, servir y ayudar a otros a seguirle.

Queremos ser una iglesia que no solamente reúna personas, sino que forme discípulos; que no solamente enseñe doctrina, sino que produzca una vida transformada; que no solamente hable del amor de Cristo, sino que lo manifieste mediante el servicio y la comunión.

Nuestra visión es, por tanto, vivir para la gloria de Dios, arraigados en su Palabra, llenos de amor por las personas y comprometidos con la extensión del evangelio.

Nuestra identidad

Desde el año 2001, Dios nos ha permitido caminar como congregación, atravesando diferentes etapas, aprendizajes y cambios que han contribuido a formar nuestra identidad como iglesia.

Nuestras raíces están marcadas por una profunda pasión por Cristo, las almas, la oración, el servicio y la vida comunitaria. Con el paso de los años, hemos procurado profundizar cada vez más en el conocimiento de las Escrituras, reconociendo que la Palabra de Dios es suficiente y constituye el fundamento de nuestra fe, doctrina y práctica.

Por eso, nuestra identidad busca mantener juntas verdades que consideramos esenciales: un profundo amor por Cristo y su iglesia, pasión por el evangelio, dependencia del Espíritu Santo, fidelidad a las Escrituras, compromiso con el discipulado y una vida de servicio y comunidad.

No queremos ser una iglesia definida simplemente por una etiqueta, sino una congregación definida por Cristo y gobernada por su Palabra.

Creemos que la iglesia está llamada a vivir una fe que sea bíblica y viva; una fe que conozca la verdad, dependa de Dios, ame a las personas, sirva al prójimo y anuncie con fidelidad las buenas noticias de Jesucristo.

Después de más de dos décadas de historia, seguimos reconociendo que Dios es quien ha sostenido y guiado a su iglesia, y miramos hacia el futuro con gratitud por lo que Él ha hecho y con esperanza por todo lo que aún hará para la gloria de su nombre.

Nuestro lema

“Cristo en el centro, la Palabra como fundamento, el Espíritu como guía y el amor como nuestra forma de servir.”

Nuestra historia

La Misión Evangélica Casa del Adorador nació en el año 2001 en la ciudad de Otavalo, del llamado y la entrega del Apóstol Marco Moreno, su pastor fundador. Los primeros servicios se celebraron en salones prestados, y el evangelio se predicó en las plazas y parques de la ciudad, casa por casa, hasta que Dios levantó una congregación.

La congregación de Casa del Adorador en sus primeros años
La congregación en sus primeros años, frente al primer templo.

El Apóstol Marco Moreno partió con el Señor dejando una obra viva y una familia de fe que sigue creciendo. Su vida y su ministerio son parte del fundamento sobre el que hoy caminamos, y su memoria se honra en cada servicio y en cada alma alcanzada.

Quiénes lideran la obra hoy

Actualmente la iglesia es liderada por la Profeta Elizabeth Vera, esposa del fundador, junto a su hijo Juan Marcos Moreno. Bajo su cuidado pastoral, la congregación continúa con la misma pasión de sus inicios: Cristo en el centro, la Palabra como fundamento y el amor como forma de servir.

Profeta Elizabeth Vera y Juan Marcos Moreno
Profeta Elizabeth Vera y Juan Marcos Moreno, al frente de la obra.

Desde Otavalo, la obra se ha extendido a otras ciudades del país, donde hermanos fieles sirven a sus propias comunidades como parte de la misma familia de fe.

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